Un expediente técnico no termina en el presupuesto: termina en el presupuesto y el cronograma, y las especificaciones técnicas, y el flete, y las cotizaciones que sustentan cada precio. Este sistema los produce en cadena desde una sola fuente —la base SQLite de Delphin Express del proyecto— combinando Python para lo determinista con IA para lo que exige criterio.
El corazón es un banco propio de 3 002 análisis de precios unitarios organizados en 25 grupos de costo, construido a partir de expedientes reales de saneamiento. La IA no inventa rendimientos: los busca ahí. Cada escritura sobre una base de Delphin va precedida de un respaldo numerado, la base original nunca se modifica y el resultado se verifica antes de abrirlo en el programa.
Sistema interno · saneamiento rural
El presupuesto se valida en un formato intermedio y se escribe directamente en la base de Delphin Express. Validado de extremo a extremo en el programa real, no en una exportación.
Las duraciones se despejan del propio APU, la secuencia constructiva la razona la IA y el plazo se comprime al contractual. Un solo comando copia la base, secuencia, calcula el CPM, ajusta, inyecta y verifica.
Se escribe en la misma base, de modo que su módulo CPM lo reproduce al 100 % y exporta a MS Project por su cuenta. Sin doble digitación ni desincronización entre archivos.
Una biblioteca de plantillas por código de partida, con las cinco secciones estándar, se cruza con el presupuesto y produce el documento Word listo para imprimir; lo que no tiene plantilla se redacta con IA y queda marcado para revisión.
Genera el Excel de flete con fórmulas vinculadas y formato A4 imprimible, con tarifas por tipo de vía y factor de retorno vacío centralizadas en un único archivo de configuración.
Respaldo numerado antes de cada escritura, bases maestras de solo lectura, negativa a operar con Delphin abierto y verificación posterior de la base resultante.
La parte difícil de un expediente de saneamiento no es la que consume el tiempo. El criterio —qué tecnología, qué secuencia constructiva, qué partidas— se decide relativamente rápido; lo que devora las semanas es transcribir ese criterio a cinco documentos distintos y mantenerlos cuadrados entre sí cuando algo cambia.
Por eso el sistema no parte de una plantilla en blanco sino de la base de datos del proyecto: si el presupuesto cambia, el cronograma, el flete y las especificaciones se vuelven a derivar de la misma fuente en lugar de corregirse a mano uno por uno. Ahí es donde se van los reprocesos y las observaciones por incoherencias entre tomos.
La división del trabajo es explícita: Python para lo que tiene una respuesta correcta —aritmética, CPM, formato, escritura en la base— e IA para lo que exige criterio —secuencia constructiva, redacción de una especificación sin plantilla, clasificación de cotizaciones—. Y todo lo que la IA propone queda marcado como propuesta hasta que un ingeniero lo firma.