Un modelo de lenguaje sabe redactar, pero no sabe tocar tus archivos. El Model Context Protocol es el estándar por el que un agente de IA recibe herramientas concretas, y estos tres servidores son las que yo le doy: delphin-presupuestos, que abre la base SQLite de Delphin Express con 27 herramientas; Word MCP y Excel MCP, que producen los entregables ya maquetados. Los tres corren en mi propia máquina, sobre mis propios datos, sin subir nada a la nube.
La regla de diseño es la misma en los tres: el agente describe el contenido y el servidor decide la presentación. No hay parámetros para elegir tipografía, color ni bordes, y es deliberado —si el agente pudiera elegirlos, los elegiría mal, que es justamente el problema que estos servidores existen para eliminar. Lo mismo vale para los datos: las herramientas de presupuesto se niegan a inventar rendimientos o precios que ya están en el catálogo.
Infraestructura propia · uso interno
delphin-presupuestos consulta el banco de APUs, valida, crea el presupuesto en la base de Delphin Express y lo corrige en sitio, con respaldo numerado antes de cada escritura.
Los rendimientos salen del APU y los precios del catálogo. Solo un insumo verdaderamente nuevo admite precio estimado, y debe declarar de dónde sale.
Regenerar un presupuesto cambia los identificadores de costo unitario y con ellos se pierden los metrados de las planillas y las dependencias del cronograma. Por eso las herramientas de edición existen y el servidor empuja hacia ellas.
Word MCP aplica jerarquía de títulos, cabeceras sombreadas que se repiten entre páginas, columnas numéricas alineadas y pie con «Página X de Y», siempre igual en todo el documento.
Las leyendas de tabla y figura se insertan con campo SEQ, como lo hace Word: si se añade una tabla en medio, el resto se renumera solo en lugar de romperse.
Excel MCP entrega libros con ancho de columna ajustado, formato numérico real, cabecera fija con autofiltro, fila de totales con SUBTOTAL que respeta el filtro y gráficos rotulados.
No es falta de capacidad del modelo: maquetar exige acordarse de treinta detalles que nadie tiene en la cabeza mientras redacta. Los síntomas siempre son los mismos —tablas con la rejilla negra de Word, índices escritos como texto que no se actualizan, leyendas «Tabla 1» escritas a mano que se rompen a la primera inserción, números como 1234.5599999999999 alineados a la izquierda y, lo peor, plantillas del cliente destrozadas.
La solución no fue pedirle al agente que maquetara mejor, sino quitarle esa decisión: el servidor se queda con toda la presentación y el agente aporta únicamente estructura y contenido. Deliberadamente no expongo parámetros visuales; la ausencia de esa palanca es la característica, no una limitación.
Con delphin-presupuestos la misma idea se aplica a los datos duros. Un presupuesto de obra pública no admite cifras plausibles: admite las del catálogo. El servidor impone esa disciplina desde el otro lado —base de solo lectura donde debe serlo, respaldo antes de escribir, negativa a operar con Delphin abierto— para que la velocidad de la IA nunca se pague con trazabilidad.